El modelo sojero arrasó con suelos y abrió la puerta a inundaciones

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En 1996 de manera absolutamente solapada y con tintes antidemocráticos, se permitió la introducción de la soja transgénica de Monsanto a los campos. No existieron estudios independientes para medir el impacto ambiental, y menos aún una discusión parlamentaria, ni legislación que la avale.

La Secretaría de Agricultura creó en 1991 la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (Conabia), quien junto a la participación activa de las corporaciones, le dio el visto bueno a la secretaría para la aprobación del OGM (Organismo genéticamente modificado). Argentina tiene una superficie continental de alrededor de 2,8 millones de km2 y cuenta con unas 34 millones de hectáreas con cultivos agrícolas. La soja sigue siendo la vedette, ya que su precio marca tendencia en el mercado.

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Desmonte y migración interna

El desmonte de los bosques nativos ha sido demoledor en los últimos años. Argentina ocupa un lugar de “privilegio” en el mundo, ya que posee una de las tasas de desmonte más altas. Chaco es la provincia más azotada por este crimen natural, sin embargo Santa Fe, Córdoba, Salta, Misiones, Santiago del Estero, entre otras, la siguen de cerca. Campesinos y originarios deben migrar de sus tierras por el avance de los agronegocios, para afincarse en los asentamientos irregulares de las grandes metrópolis. Caber destacar que de un total de 13.522 ha desmontadas en la Argentina, la provincia del Chaco participó con 5.132 ha. La inmensa mayoría de los desmontes se ejecutó en aéreas prohibidas.

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El suelo cambió y trajo inundaciones

Existe un dato revelador que atenta contra las férreas posturas del sector empresarial sojero y político. El bosque nativo absorbe 300 mm de agua por hora. Una pastura convencional (donde hay ganado) 100 mm y un campo con soja apenas 30 mm por hora. El ascenso de las napas freáticas (acumulación de aguas subterráneas) en la región pampeana está íntimamente relacionado con la agresión al suelo y no por lo que se recibe del cielo.

Investigadores del Inta han mantenido una tarea constante para poder dar en la tecla. Hoy después de muchos estudios realizados a suelos con cultivo de soja transgénica, han dictaminado que la napa de agua se encuentra a menos de un metro, cuando naturalmente se ubicaba a 10 metros de la superficie. La explicación es muy sencilla: millones de hectáreas de pasturas y pastizales que consumían agua durante los doce meses del año fueron cambiadas por cultivos anuales. Los mismos consumen anualmente entre 500 y 800 mm de agua, cuando los parámetros normales oscilan entre 1500 y 2000.

El modelo agroexportador moviliza millones de dólares, este es uno de los bozales más importantes que se utiliza para sembrar falsas hipótesis con respecto al flagelo de las inundaciones. En 2014 fue Misiones quien los sufrió. A inicios de 2015 fueron Córdoba y Santiago del Estero. El segundo semestre las aguas subieron para el Litoral y Buenos Aires, hasta terminar por los anegamientos y evacuaciones de Santa Fe, Entre Ríos, Chaco y Corrientes.

Todas ellas coinciden en dos cosas, el desmonte y la sojización. La fragmentación de la información en los medios de comunicación, o el simple título de “fenómeno meteorológico” alejan ostensiblemente de la respuesta a esta problemática que padece la sociedad en su conjunto. Montes nativos arrasados, migraciones internas, glifosato, monocultivo e inundaciones. Un combo que no se eligió, ya que fue impuesto por un negocio inescrupuloso que todavía sigue sin ser reconocido por las mayorías.

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Fuente: Conclusión

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